La ansiedad es un estado emocional ligado a situaciones de estrés que nos permite mantenernos alerta ante situaciones potencialmente peligrosas y amenazantes para nuestro organismo. Y, sí, los exámenes son una de estas amenazas. Fuera bromas, enfrentarse a un examen importante puede conducirnos a sufrir de ansiedad, que pueden manifestarse de muchas maneras y que, en ocasiones, pueden requerir de atención médica especializada en los casos más graves.

No vamos a decirte cómo tienes que encarar un examen o cuál es la mejor manera de enfrentarte a él, ya que, si estás leyendo esto, probablemente ya hayas acabado haciendo varios pares de ellos a lo largo de tu vida. Sin embargo, sí podemos aconsejarte sobre la mejor manera de combatir la ansiedad en época de exámenes, evitando que se convierta en tu principal enemigo y que actúe de saboteador en el momento más inoportuno.

El decálogo del estudiante tranquilo

Cada uno tiene formas diferentes de manejar el estrés, así como maneras distintas de estudiar que le resulten efectivas. Cuanto mayor eres, más hábitos, costumbres y manías acumulas, y estas se convierten en una parte vital de tu proceso de estudio, como las posturas, tus rituales de concentración o la habituación a los entornos. Con esto queremos decir que, ante la duda, descartes cualquier propuesta que te lancemos si contraviene tus principios más básicos sobre cómo entender un método efectivo para estudiar, pero esperamos que alguno de ellos sí sirva para mejorar tu manera de combatir los nervios y encarar la acumulación de ansiedad ante los exámenes de una manera diferente y más beneficiosa para ti.

Organiza el temario por días

Repartir toda la materia a estudiar entre los días que tienes disponibles es la mejor manera de garantizar una división equitativa de la faena, lo que permite encarar cada sesión de estudio con la certeza de que tienes todo cubierto y que conoces la cantidad de tiempo de la que dispones. Esto es de gran ayuda para evitar ataques de ansiedad en época de exámenes.

Esquematiza conceptos

A día de hoy, no hay un invento mejor que los esquemas para reducir la carga de información y hacer comprensibles las partes más densas y complejas del temario elaborando esquemas. Con una simple sucesión de palabras clave podrás estudiar y memorizar grandes cantidades de datos en poco tiempo. Es un arte que se aprende con el tiempo, y en cuanto descubras sus ventajas no concebirás otra manera de estudiar.

Usa reglas mnemotécnicas

Puedes elaborarlas a partir de los esquemas, creando palabras que aglutinen las siglas de los conceptos clave, de manera que sepas, cuando estés haciendo el examen, si se te está olvidando algo. También resultan de gran ayuda las fechas y las líneas temporales para elaborar textos que cuenten las causas y consecuencias de un hecho específico. Utiliza las tuyas propias y verás lo sencillo que resulta reducir temas largos y complejos a simples palabras, a partir de los cuales podrás desarrollarlos.

Calidad sobre cantidad

Para aprobar los exámenes universitarios o los que adjudican las plazas en los procesos de oposición, echarle horas es algo que se da por sentado. Sin embargo, estar horas y horas delante del libro no implica per se que estés utilizando un método eficaz de estudio. Prioriza la calidad del tiempo de estudio sobre la cantidad del mismo, y si te resulta más cómodo y cuentas con suficiente tiempo para hacerlo, dedica apenas unas horas al día al estudio y relájate el resto. Es increíble el potencial que muestra el cerebro para afianzar nueva información mientras está en reposo.

No abuses de los repasos

Repasar está bien y, de hecho, es un proceso vital del proceso de estudio. Sin embargo, pueden ser contraproducentes e inducirte a error justo antes de la prueba final. Cuando sientas que has dado todo lo que tenías que dar y que tu cerebro no da más de sí, déjalo. El cuerpo es sabio y emite las señales de lo que necesita. Si necesita reposo, lo sabrás. Hazle caso.

Utiliza una sola metodología de estudio

Un amigo te dice que estudia así, otro que es mejor hacerlo de aquella manera, otro te hace dudar de que lo estés haciendo bien. Ni caso. No hay nada como estar seguro de lo que uno hace, y que lo hagas de manera distinta a los demás no debe hacerte dudar. Aleja las preguntas de tu cabeza acerca de si lo estás haciendo bien, y simplemente, hazlo. Encontrar una manera personal y concreta de estudiar es importantísimo, y que no case con ninguna de las que utiliza tu entorno es señal inequívoca de que lo estás haciendo bien. ¡Sigue así!

El estudio, mejor individual

Las sesiones de estudio en grupo pueden funcionar en los primeros compases de tus estudios universitarios, pero llega un momento en el que es mucho más conveniente que los ritmos los marques tú y no dependas de nadie para organizarte. El tener que adaptarte al ritmo de estudio de los demás es una de las principales causas que disparan la ansiedad entre los estudiantes, así que rechaza toda sesión grupal y céntrate en ti.

Descansa cuanto necesites

No te haces una idea de lo productivo que es para el cerebro descansar. Le permite no caer en la fatiga, asimilar la nueva información aprendida y retenerla durante más tiempo. Esto solo se consigue descansando y desconectando cada vez que lo necesites. Estos plazos también son muy personales y no deben depender de nadie más. Seguro que has oído eso de “es que siempre está fuera, nunca se pone a estudiar”. Igual es porque le cunde mucho más una sola hora de estudio que a otro tres, y los descansos le permiten no fatigarse rápidamente, lo que sería fatal para el proceso de aprendizaje.

No tengas prisa por redactar

En los exámenes de desarrollo, es muy recomendable dedicar los primeros minutos del examen a que pienses qué quieres decir y en qué orden. Es vital que crees un discurso coherente, con una introducción, un nudo y un desenlace. No infravalores el poder que tienen las conclusiones en un examen, ya que estas suelen ser decisivas a la hora de calificar la pregunta de manera global y es donde puedes aportar una dosis crítica ante lo aprendido que abra ciertos debates o genere dudas sobre los tradicionalismos de la materia. Lúcete.

¡Asegúrate de que se te entienda!

Parece una tontería, pero escribir datos e información muy bien aprendida sin ningún sentido es nefasto para tus aspiraciones. Debes asegurarte de que creas un conjunto de información y datos coherente, cohesionado y que contenga un mensaje claro. Y trata de hacer la letra lo más inteligible posible. Escribir rápido, agobiado, con prisas y siendo víctima de los nervios echará por tierra cualquier posibilidad que tengas de aprobar si no se te entiende. Esmérate, aunque sea mínimamente, en crear una composición que sea entendible para los demás y que facilite la lectura al docente.

Todas estas pautas están destinadas no solamente al adecuado manejo de la ansiedad ante los exámenes, tratando de que gestiones las emociones y los arrebatos de la mejor manera posible, sino a optimizar tus recursos para el aprendizaje, crear una metodología de estudio efectiva y, en definitiva, a hacer de ti un estudiante mucho más eficiente y ayudándote a desplegar todo tu potencial en cada convocatoria.